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martes, 25 de agosto de 2009

El alacrán

Un maestro oriental vio cómo un alacrán se estaba ahogando y decidió ayudarlo y sacarlo del agua, pero cuando lo hizo, el alacrán lo picó.
Por el dolor, el maestro lo soltó y el alacrán cayó nuevamente al agua. El maestro intentó sacarlo por segunda vez, pero de nuevo el alacrán le volvió a picar.
Alguien que había observado la escena, se acercó al maestro y le dijo: - Perdone, maestro, pero… ¿No se da cuenta que cada vez que intente sacarlo del agua el alacrán lo picará?
El maestro le respondió: - La naturaleza del alacrán es picar. Él no va a cambiar su manera de vivir, pero este hecho tampoco cambiará mi naturaleza, que es la de ayudar y servir.
Entonces, ayudándose de una hoja, el maestro sacó al alacrán del agua y le salvó la vida.
No debemos cambiar nuestra naturaleza por más daño que nos hagan. No permitas jamás que la conducta de otras personas condicionen la tuya.
Cuando la vida te presente mil razones para llorar, muéstrale que tienes mil y una razones por las cuales sonreir.


Tomado del libro “Reflexiones para el alma”, de José Luis Prieto.

jueves, 20 de agosto de 2009

Clavos detrás de la puerta

Esta es la historia de un muchachito que tenía muy mal carácter. Su padre le dio una bolsa de clavos y le dijo que cada vez que perdiera la paciencia, debería clavar un clavo detrás de la puerta.
El primer día, el muchacho clavó 37 clavos detrás de la puerta. Las semanas que siguieron, a medida que él aprendía a controlar su genio, clavaba cada vez menos clavos detrás de la puerta.
Descubrió que era mas fácil controlar su genio que clavar clavos detrás de la puerta.
Llegó el día en que pudo controlar su carácter durante todo el día. Después de informar a su padre, éste le sugirió que retirara un clavo cada día que lograra controlar su carácter. Los días pasaron y el joven pudo finalmente anunciar a su padre que no quedaban más clavos para retirar de la puerta. Su padre lo tomó de la mano y lo llevó hasta la puerta. Le dijo: "has trabajado duro, hijo mío, pero mira todos esos hoyos en la puerta. Nunca más será la misma. Cada vez que pierdes la paciencia, dejas cicatrices exactamente como las que aquí ves." Tú puedes insultar a alguien y retirar lo dicho, pero del modo como se lo digas lo
devastará , y la cicatriz perdurará para siempre.
¡Una ofensa verbal es tan dañina como una ofensa física!

Mi familia